viernes, 10 de abril de 2009

Coroico

Con un sobresalto salio de la cama. Ella sola a la mañana, sorprendida por el giro de los acontecimientos de dos en una cama ¡¿qué mas da!? No importaba demasiado.
Salio de la habitación y tomo el fresco de Coroico. El dolor en su pecho aumentaba y disminuía a un ritmo perfectamente constante, insoportable sonido del corazón que no la deja ser, pum-pum pum-pum, incendiarse y disfrutar del vuelo, pum-pum pum-pum. Se sentó en silencio en la escalera mirando el paisaje eterno y escucho el despertar de la pareja de la habitación tres, un despertar entre risas felices de enamorados y besos mañaneros con sabores confundidos.
¿Y ella? Ella con su alma rota queriendo volver a él y a su vez nunca más volver para ser deslumbrada por esa sonrisa amplia, por esas miradas cómplices, no quería sentir mas la presión en su cabeza y esa voz diciendo implícitamente que no. Pero volver…volver y buscarlo, volver y no amarlo, deseos mentirosos alimentados por recuerdos guardados en cajas de cristal.
“Tanto tiempo tratando de olvidar” suspira. Probo cruzando la frontera, anduvo kilómetros, intento meterlo en un vaso y ahogarlo en alcohol, por ultimo lo escondió adentro de una mina y hasta hablo con “el tío” mientras le convidaba de fumar, pero nada. Nuevos recuerdos resurgían de su mente enamorada, y si no eran nuevos los inventaba. Ellos en el lago, él ganando la ultima partida de pool de la noche, ellos discutiendo las pintadas con carga ideológica en las paredes de toda Bolivia.
La niebla se estaba disipando, ahora se veía con más claridad el hotel de enfrente color rosa que tenía por detrás esos cerros de belleza impactante. Sonaron las campanas de la iglesia del pueblo y así fue como supo que Coroico se despedía de ella. Derrotada tomo su cuaderno, y con el corazón en la garganta, empezó a escribir sobre él.